Consagración al Santo Evangelio

Introducción:

Recordemos que en el Estudio de Evangelio hay muchas y variadas formas que responden a distintos acentos. Cada persona debe ir buscando su propia forma o acento.
Pero no olvidar que es Estudio de Evangelio, en singular, es decir, que lo que estudiamos no es tanto los evangelios en plural, sino el Evangelio en singular, la Buena Noticia, que no es otra que Jesucristo, Nuestro Señor. Por ello el estudio de
evangelio consiste en estudiar a Jesucristo, poner los ojos del corazón en Él. Descubrir cómo vive la pobreza, cómo piensa, cómo reacciona, cómo se alegra, cómo sufre, cómo nos lleva al Padre, y eso lo hacemos en cualquier texto de toda la Escritura.

Este estudio lo hacemos “en la fe de la Iglesia”, es decir, que debo leer la Palabra teniendo en cuenta toda la Escritura y la fe de la Iglesia. No puedo leer el texto sin tener en cuenta la fe de la Iglesia, en la que ha nacido, se ha manifestado y se ha desarrollado esta Palabra de Dios. Hacer lo contrario sería alejarnos de la revelación. Por eso es bueno servirnos de las notas presentes en la Biblia.

La PALABRA-VERBO se hizo carne y habitó entre nosotros: Evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de Él se hizo todo, y sin Él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de Él, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su Nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y grita diciendo:

«Éste es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer.

Palabra del Señor.
Gloria a Ti Señor Jesús

Os he dado ejemplo, para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.
Consagración a nuestro Señor Jesucristo, a través del Santo Evangelio.
— Imitemos a Jesús, nuestro Modelo–
Tomo a Jesús como mi modelo y me esforzaré por imitarle lo más perfectamente que pueda; al seguirle, seguiré, el Camino, la Verdad y la Vida. Le obedeceré.
Estudiar a Jesucristo en su vida mortal, en su vida eucarística, será todo mi estudio.  Imitar a Jesús será todo mi deseo, el único fin de todos mis pensamientos, la finalidad de todas mis acciones. Quiero parecerme a Tí, ¡oh divino Salvador mío! ¿Qué modelo más seguro podría yo tomar? Haz que sea tan parecido, tan conforme contigo, que me haga uno contigo, que sea verdadera y dignamente tu representante en la tierra  en cuanto a los poderes y en cuanto a las virtudes.  Quiero que seas mi Maestro y como mi Modelo. Yo seré tu discípulo y tu imagen. Ilumíname y fortifícame.
Consagrase al Santo Evangelio, es la culminación plena de la Conversión y la Consagración al Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús Eucaristía.
¿Cómo Consagrarse al Santo Evangelio?

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