Recen por las almas del Purgatorio

1ª parte

Gozosa y gloriosa el alma liberada, pasa de las penas del Purgatorio a las delicias del Paraíso, rodeada de luces, cargada de Celestiales dones. Cuando se pide la liberación de las almas purgantes se mueve todo el Cielo hacia Mí y, si ve que Yo quiero liberar alguna, se une a la oración que se hace en la Tierra en apoyo y complemento de la misma oración. Y es necesario ese apoyo, porque con mucha frecuencia los motivos que mueven a los viadores (Jesús usa en este texto esta palabra, que significa: criatura que está en esta vida y aspira y camina a la eternidad) a pedirme la liberación de las almas purgantes, son de orden puramente humano o insuficientemente sobrenaturales.

Por eso, mientras recibo peticiones de la Tierra, recibo también peticiones del Cielo en favor de las almas del Purgatorio; pero los Bienaventurados nunca piden sin ser escuchados, por lo cual, si no ven que Yo quiero conceder la liberación, no piden nada.

De ahí se signe que la acogida favorable está condicionada para todos a Mi Querer, en el cual luego se genera el movimiento de oración ya sea en ustedes, ya en Mis Bienaventurados. Si se sienten movidos a orar es porque Yo quiero dar liberación y gloria a algún alma, pero en el tiempo y con el modo por Mí establecidos.

¿Quién piensa que Yo Soy el primero en querer el gozo de aquellas almas salvadas pero sufrientes?

¿Quién reflexiona en que sin Mi querer no Me pedirían ni por una ni por otra alma del Purgatorio?

La criatura que está en la Tierra cree que hace todo por sí misma, mientras que nada puede sin Mí. ¡Nada! ¿Quién de ustedes comprende la nada? ¡Más bien, muchos piensan que acumulando oraciones y oraciones se logra moverme, como si Yo fuese duro de Corazón y tuviese necesidad de Mi criatura para socorrer!

Oren, oren siempre y pidan, les digo Yo: Pidan, pero con espíritu humilde, sencillo, reconociendo que es Mi bondad la que puede obrar el milagro de la liberación. Y sobre todo, oren por el motivo que Yo quiero, porque ninguna razón humana puede igualar a Mi Voluntad que dispone todo en ustedes para la acogida de la oración que Me hacen.

Para convencerlos de que es así, los invito a considerar que las almas en pena experimentan gran refrigerio por el hecho de que al orar por ellas, lo hacen en Mi Voluntad. Consideren que son contrarias a ciertas oraciones de ustedes pidiendo inmediata liberación.

Ellas no quieren liberación sino cuando Yo la quiero. Consideren también qué suma de sacrificios Me He impuesto por amor de ellas y cuán feliz soy de haberlas llevado a salvo. Por eso, reflexionen bien en que Yo Soy la rueda motriz de sus oraciones; que no las hacen por casualidad o por idea suya, sino por Mi Voluntad.

¿De esto sigue que tal vez debo escucharlos en poco tiempo o después de mucho tiempo? No es cuestión de tiempo, sino de cumplimiento de Mis condiciones particulares que pongo respecto del alma que ha de ser liberada o de la persona o personas que Me imploran.

No hay regla en cuanto a que, fuera de Mi liberalidad (caridad, disposición), la salvación del alma purgante depende del cumplimiento de las condiciones puestas por Mí. Y no es la última de estas condiciones la obtención, de parte del que Me implora, de un cierto grado de amor Divino que varía de persona a persona.

Todo está armoniosamente fusionado y Mi obra de salvación tiene admirable corona en la liberación de las penas agudísimas del Purgatorio.

Ciertamente, el poder sobre aquellas almas es absoluta prerrogativa Mía. Y la Iglesia en la tierra está plenamente en la verdad, incluso en esta materia como en todas las otras que son propias de los viadores. ¡Ah, si se comprendiera qué materno afán mueve a Mi Iglesia a orar por los difuntos y, sobre todo, si se comprendiera al menos un poco de aquella conclusión de las oraciones que pone la Iglesia cuando implora acogida por Mis méritos, o bien, por el honor Mío.

En cambio, podría continuar mucho camino. Más bien Me limito a decirles que las almas del Purgatorio, liberadas por Mí con sus oraciones y con los ofrecimientos que Me hacen, los consideran como queridísimos hermanos a los cuales deben su felicidad en plano subordinado.

Por eso, no pueden ustedes imaginar qué gratitud les tienen y cómo Me piden por ustedes…

Ustedes las sacan de las penas más fuertes que pueden existir en un alma buena y, ¿cómo no van a estarles agradecidas por ello? Ven Mi bondad, pero ven también su ayuda y saben corresponder por el don que se les hace, con un amor muy ardiente.

¡Oren por ellas, oren! Yo los escucharé y ellas les ayudarán a evitar el purgatorio. Lo que hacen por ellas, recuerden, Yo lo considero como hecho a Mí.

2ª parte

¡Oh hombres que deseáis no enfermar! ¡Oh enfermos que  deseáis sanar! ¡Oh sanos que queréis permanecer sanos! ¡Oh unos y otros que más deseéis morir bien que vivir mal!

 Ya habéis oído que nuestra devoción es el camino para llegar al logro de todos estos fines, no solo es breve y fácil la consecución, sino el camino.

  Para cobrar vuestra salud, os dejáis quitar la salud, pues os dejáis romper venas y permitís que os martiricen de mil modos, exponiéndonos a menguar la vida con lo que padecéis por aumentarla. El medio de nuestra devoción no solo no trae daño, pero ni aún riesgo; siempre es favorable y nunca nocivo; es tan eficaz como seguro, y tan seguro como probado. Muchos han empeorado con los remedios de la tierra; con éste, nadie, antes han sanado y sanan infinitos cada día. ¡Oh cuántos hubieran escapado de la enfermedad de que murieron, si como llamaron a los médicos para ella, nos hubieran llamado a nosotras! Pero no lo hicieron porque no sabían que teníamos el privilegio de alcanzarles de Dios la vida… No pedimos que os adelantéis, hágase condicional el contrato: ofrecednos tanto si os cumplimos lo que deseáis; y mientras nosotras no cumplamos vuestro deseo, no cumpláis vosotros lo ofrecido. Ofrecednos tanto, si os curamos de ese accidente habitual, que años ha padecéis; si os quitamos esa tentación prolija que os arrastra; si os aliviamos de esa pesadumbre que está continuamente alterando vuestro interior inquietud; si os sacamos airosos de ese empeño o dependencia de que depende vuestra honra, estado y fortuna, mientras no logréis estos deseos, no paguéis eso a que os obligáis: así no vais a perder y a ganar sí. De esta suerte han encontrado muchos con nosotras; ni de los santos del cielo no pudieron conseguir.

  No puede negarse a este partido el pobre; pues admitimos obras que no cuentan dinero; tampoco el avariento, pues le admitimos ayunos, tampoco al enfermo, pues admitimos lo mismo que padece, si lo ofrece en satisfacción nuestra; tampoco el que ni tiene ni puede nada, pues de éste admitimos el deseo: en fin, queda sitiada por todos lados vuestra ingratitud, y sólo quien no desea su bien puede no desear cuyo costo es tan poco, cuyo riesgo es ninguno, cuya ganancia es tanta.          copia fiel del original

Oraciones para las almas del Purgatorio

  Les presentamos a continuación varias oraciones que nos ayudarán a rogar por las almas de aquellos que se encuentran temporalmente en el Purgatorio. Comenzaremos con la “Devoción Carmelita de los cien Réquiem”.

 Esta práctica consiste en diez Padre Nuestros, Ave Marías y Gloria Patri. Para esto, cada cual puede ayudarse del Rosario común  o de cinco decenas recorriéndolo dos veces, con lo que se forma en centenar.

 Después de la señal de la santa cruz, invocando el auxilio del Espíritu Santo para hacer con fruto esta oración, se empieza con esta deprecación:

 

 “ Animas santas, almas que estáis purgando, rogad a Dios por mí; que yo rogaré por vosotras; a fin de que cuanto antes se os conceda la gloria del Paraíso celestial”. Enseguida se dice un Padre Nuestro, Ave María y Gloria Patri, y luego diez veces: “ Dadles, Señor el eterno descanso y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz”.

 Concluida la primera decena se repite el Padre Nuestro, Ave María y Gloria y se dice la segunda así sucesivamente hasta que se completen los diez, Padre Nuestros, Ave María, Gloria y los cien Réquiem añadiendo en el último salmo el De profundis clamavi… etc. o un Padre nuestro, con otro Réquiem al final.

 

 De Profundis:

 Desde los abismos di voces clamando a vos oh Señor, oíd pues Señor, mi voz.

 Atended, Señor, al clamor de mis súplicas. Pues si examináis mucho mis culpas, ¿quién aguardará buen suceso?

 Porque en sólo Vos se halla la piedad y la misericordia, y por causa de vuestra ley, he esperado en vos, oh Señor.

 Mi alma está muy segura en sus palabras, y ha esperado en el Señor.

 Desde la centinela de la madrugada hasta la noche, espere Israel en el Señor.

 Porque en sólo Dios se halla la misericordia, y la copiosa redención de los pecados.

 Como que Él mismo ha de redimir a Israel, de todos los pecados.

  Gloria al Padre, al Hijo, etc.

 

 Dales, Señor el descanso eterno,

 Ilumínelas la eterna luz.

 De las puertas del infierno

 Libra, Señor, sus almas,

 Descansen en paz. Amén.

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