Santificar el trabajo

Santificar el trabajo

    • El trabajo es una de las cosas más importantes de nuestra vida, es uno de los espacios donde más horas pasamos. No vivimos para trabajar, pero sin trabajar no podemos vivir ni ser personas.
    • ¿Qué es el trabajo? El trabajo es Dios. El trabajo es la vida de Dios. Dios no para de trabajar. Si Dios no trabajara, el mundo no existiría, desaparecería. El trabajo de Dios mantiene el mundo. Creemos en el Dios trabajador. El mundo se mantiene por el trabajo de Dios. Vivimos porque Dios nos mantiene. Creemos en Dios TRABAJO.
    • ¿Cómo es y qué es el trabajo de Dios? La manifestación de su amor, la entrega de su vida, el compartir todo lo que tiene, su trabajo es nuestra vida, nuestra salvación, nuestra felicidad.
    • ¿Para qué trabaja Dios? Dios no trabaja para producir, Dios trabaja para amar, para manifestar su amor, para dar vida, para dar todo lo que tiene, para darse. Su trabajo brota de su amor.
    • Dios nos ha hecho a nosotros sus  colaboradores, pero la acción principal es de él.
    • Cuando Jesús aparece en el mundo nace de padres trabajadores, y él mismo se hace un trabajador. Y cuando sale a la vida pública, entiende su actuación como un trabajo, siguiendo el ejemplo y la actuación del Padre: «Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo» (Jn 5,17)
    • Jesús llama a sus discípulos a ser pescadores de hombres Mt. 4,18-28.
    • Concibe la evangelización como un trabajo y pide que rueguen al Padre que envíe obreros a su mies Lc 10,2.
    • Dios no puede ver a nadie parado, enseguida lo llama a trabajar en su viña: Mt. 20, 1-16. Y nos invita a ejercer nuestra responsabilidad para desarrollar los dones y cualidades que nos ha dado Mt. 25,14-30.
    • Es por eso que, entre los cristianos, siempre se ha considerado el trabajo como un ofrenda a Dios: Col. 3,17.
    • En la Misa, presentamos el pan y el vino que son fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Esto quiere decir que sin trabajo no puede haber Eucaristía. Y también que ponemos sobre el altar nuestro trabajo y el trabajo de toda la humanidad.
  • El Trabajo cría a los hijos y construye el matrimonio.

La mayor negación de Dios es:

    • Confundir el valor del trabajo con el salario, aunque sea muy alto… El trabajo de una persona, no se paga con dinero. No se puede confundir el valor del trabajo con el salario que recibe un empleado.
    • Separar el trabajo de la realización de la persona y de su vocación.
    • Dejar a un montón de personas sin trabajo, EL PARO
    • Convertir el trabajo en explotación y esclavitud, los malos tratos a los trabajadores.
    • El trabajo precario, que no da para vivir.
    • El trabajo en malas condiciones, ritmo acelerado, demasiadas horas, las humillaciones en el trabajo.
    • El convertir a la persona en una mercancía, al servicio de la producción, lo que importa es la producción y la ganancia.
    • Separar el trabajo de Dios
    • Parece que el trabajo en la fabricación de armas y la producción de drogas, está en contra de Dios.
    • El negar la participación de los trabajadores en la marcha de la empresa.
    • La falta de responsabilidad de los trabajadores en la marcha de la empresa.
    • La complicidad de los trabajadores en el materialismo de la empresa.
    • El trabajo que destruye la naturaleza
  • Llamar trabajo a actividades que destruyen a la persona: Como la prostitución, la tortura, la producción de droga.

Condiciones que ha de tener nuestro trabajo para que sea santo y agradable a Dios

    • Que nuestro trabajo sea una manifestación del trabajo de Dios.
    • Que trabajemos en aquello a lo que Dios nos llama, que trabajemos en nuestra vocación.
    • Que sea como el trabajo de Dios, una manifestación de nuestro amor, de nuestra entrega, de la entrega de nuestra vida, de forma gratuita y puesta al servicio del  Plan de Dios. El ganar la vida, el realizar nuestros planes, el quedar bien, el realizarnos como personas, todo eso está muy bien, es bueno, manifiesta nuestro amor y el amor de Dios.
    • Que lo hagamos con total responsabilidad, dándonos cuenta de lo que es, y lo que significa y para qué estamos trabajando.
    • Que le demos el protagonismo a Dios, y pongamos nuestras fuerzas y nuestras aportaciones al servicio y de su voluntad y de su Plan, que sea manifestación de su amor. Que nunca nos vendamos a la empresa.
    • Que sea un ejercicio de nuestro sacerdocio que recibimos en el Bautismo. Dios, en nuestro Bautismo nos hizo sacerdotes para consagrar el mundo y ofrecérselo a él para construir su Reino.
    • Que trabajemos en colaboración con todos los que trabajan y con toda la sociedad, porque nuestro trabajo es una parte del trabajo de la humanidad y forma una cosa con él.
    • Que nos libere, nos construya; y que libere y construya la vida de los demás, que sea un servicio y manifestación de nuestro amor y del amor de Dios a los demás.
    • Siempre vigilantes para que no nos contamine el productivismo, la competitividad, el afán de dinero, el protagonismo, la posesividad, el afán de poder, el trabajar por sentirnos bien, el costumbrismo, esclavizarnos con el trabajo, la rutina y todo lo que destruya el Plan de Dios y su Reino.
    • La alegría, el agradecimiento, la hermandad, la colaboración y coordinación, el sentido de grupo o sentido de comunidad. El trabajo siempre al servicio de la persona.
  • El ponerse al día, el reciclaje, la renovación, la atención a la vida, el tratar de responder a la necesidades que tiene la gente, no a lo que a nosotros nos gusta hacer.

Distinguir entre:

    • Trabajo y actividad, trabajo y productividad, trabajo y empleo, trabajo y funcionamiento, trabajo y cumplimiento de normas, trabajo y quedar bien, trabajo y ritmo de trabajo.
  • Trabajo y ocupación, trabajo y gusto por el trabajo, trabajo e intereses que tenemos en el trabajo.

El trabajo como experiencia de Dios

    • Hace falta orar para trabajar y orar en el trabajo. El trabajo, desde la fe, es oración, si es verdadero trabajo. La oración nos ha de preparar para el trabajo, para cumplir la voluntad de Dios en el trabajo. El trabajo nos ha de preparar para la oración.
    • El trabajo desarrolla nuestra identidad y nuestra vocación. Es una respuesta a la llamada que Dios nos hace y a través de las necesidades de la vida y de la humanidad.
    • Dios trabaja con nosotros, trabajamos porque él nos da la vida y las fuerzas para trabajar. Él nos acompaña, nos ilumina, nos da el amor que necesitamos y que hemos de entregar en nuestro trabajo. Trabajar, desde la fe, es evangelizar.
    • En la Eucaristía aprendemos a trabajar, encontramos el sentido de nuestro trabajo. Como Jesús lo entrega todo, así nosotros hemos de entregarlo todo en nuestro trabajo.
    • El Espíritu Santo llena el pan y en vino de la presencia de Jesús. Eso es lo que quiere hacer con nuestro trabajo: Llenarlo de la presencia y la persona de Jesús, que sea el trabajo de Jesús, sin dejar de ser nuestro trabajo.
    • El trabajo, en ocasiones, es difícil, causa sufrimiento. Es entonces cuando se manifiesta nuestro amor de la forma más limpia y desinteresada. Jesús lo sacrificó todo, incluso su vida para realizar el trabajo del Padre. Tenemos que unir la pasión de Jesús a nuestro trabajo. Sin sacrificio es imposible que haya trabajo auténtico y verdadero, que construya el Reino de Dios.
  • Es posible que el trabajo nos canse y que necesitemos descansar, pero no ha de llegar a destruirnos, sino al contrario, nos ha de construir. El trabajo ha de ser para nosotros una fuente de felicidad y de crecimiento personal en todos los sentidos.

Editado por: Rvdo. D. José Lozano Sánchez

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