Importancia de los fieles laicos en el pensamiento de Dios

Importancia de los fieles laicos en el pensamiento de Dios

Nosotros no creemos en un Dios solitario sino en un Dios-Comunidad. Creemos en un Dios que es una familia de tres personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y como Dios es una comunidad, al crearnos a nosotros a su imagen y semejanza, nos hizo también comunidad. Una persona nace en la comunidad de la familia, crece en la familia y está destinado a formar una familia y a integrarse en sociedad.

No vivimos nuestra fe, cada uno por separado, sino que la vivimos en comunidad, en esa comunidad que se llama Iglesia. La Iglesia tiene su origen en la Trinidad. Desde toda la eternidad, el pensamiento de Dios era formar una comunidad, una familia de creyentes que es la Iglesia. Esta comunidad, fundada por Jesús que se llama Iglesia, es su cuerpo. Los cristianos somos miembros de Jesús.

Los cristianos entramos a formar parte de la Iglesia por el Bautismo. Cuando nos bautizamos nos hacemos miembros de Cristo para vivir con la vida de Cristo. Jesús dijo que sólo podemos vivir si estamos unidos a él: Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.  Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”. Juan 15,4-5

Por las palabras de Jesús, vemos claro que, la vida de un cristiano, es Jesús, depende de su unión con Jesús. El Bautismo no es algo que recibió el cristiano un día, y ya no tiene que ver nada en su vida, sino que ha de vivirlo día a día, momento a momento, vivir su unión con Jesús.

En el Bautismo cada cristiano es hecho hijo de Dios como Jesús. Al salir Jesús del agua del Jordán, se oyó una voz que decía: “Este es mi hijo amado…” Esas mismas palabras son dirigidas a cada uno de los bautizados en su bautismo, y sobre cada uno de nosotros viene el Espíritu Santo como descendió sobre Jesús. Es en ese momento cuando nos hacemos miembros de Jesús, sarmientos de la vid que es él.

La casa de Dios que es la Iglesia, no está formada por piedras físicas como cualquier edificio, sino por las piedras vivas que somos nosotros los bautizados. Y cada uno de nosotros, y todos juntos,  somos un templo en el que habita la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Por eso las palabras de Isaías que Jesús se aplicó en la sinagoga de Nazaret:  «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;  a proclamar el año de gracia del Señor» Lucas 4,18-19, esas mismas palabras nos las debemos aplicar, cada uno, a nosotros, porque participamos de la misma vida y misión de Jesús.

Hemos de tener claro que, el bautismo, Jesús hace al cristiano: Sacerdote, Rey y Profeta… Veamos cada una de estas tres cosas…

  1. Jesús hace a cada cristiano, sea hombre o mujer, SACERDOTE.

Lo mismo que el sacerdotes ofrece en el altar el cuerpo y la sangre del Señor,  cada bautizado o bautizada, ofrece a Dios su vida entera, su matrimonio, su familia, su trabajo, su negocio-empresa, su compromiso político y todo lo que dependa de él… Cada hombre y cada mujer es un sacerdote, como el que celebra la Misa en el altar, aunque de forma diferente, pero tan sacerdote como él. Por eso hemos de dar mucha importancia a todas las cosas de nuestra vida.

  1. Jesús hace a cada cristiano-cristiana, PROFETA.

La palabra profeta quiere decir: El que habla en nombre de otro, en este caso, el que habla en nombre de Dios. Jesús nos ha llamado a los cristianos a escuchar el Evangelio y a proclamarlo, con valentía, a todas las personas que tratemos, más que con nuestras palabras, con nuestras obras y nuestra vida.

El profeta no sólo anuncia la Palabra, sino que también, en nombre de Dios, denuncia las injusticias, la corrupción, la mentira, la explotación de las personas, todo lo que está en contra del Plan de Dios, lo que Dios quiere para este mundo.

  1. Jesús, en bautismo hace a cada cristiano: REY-REINA.

Nos llama a todos a construir el Reino de Dios en nosotros y en el mundo, y a participar en el gobierno de la sociedad y de la Iglesia. Hay personas que tienen cargos y responsabilidades en la vida pública y en la Iglesia. Eso no quiere decir que todo dependa de ellos. La sociedad y la Iglesia es cosa de todos, no sólo de los que mandan y de los sacerdotes, los obispos y del Papa. Todos somos responsables, todos hemos de participar, porque Jesús nos ha dado parte, a los hombres y a las mujeres  en su realeza, en el gobierno del mundo y de la Iglesia.

¿Y dónde tenemos que ejercer los laicos nuestro SACERDOCIO, NUESTRA MISIÓN DE SER PROFETAS Y NUESTRA REALEZA-GOBIERNO? Por supuesto, no sólo dentro de la Iglesia, sino sobre todo en el mundo: En nuestra familia, en la economía, en la política, en los barrios, en el deporte, en los sitios donde la gente se divierte…en todas partes. Cuando un cristiano tiene una empresa, o un cargo en la política, o trabaja en la sanidad, o en la enseñanza, se tiene que notar que es cristiano/a. Si no se nota, si no actúa como cristiano/a, es que no es cristiano de verdad, será sólo cristiano de nombre, o de apariencia.   

Otra cosa muy importante es que todos, los cristianos y cristianas, ESTAMOS LLAMADOS A LA SANTIDAD, es decir la perfección y plenitud del amor (santidad es amor sin esperar nada a cambio). Durante mucho tiempo todo el mundo ha pensado que ser santo era cosa de los sacerdotes, los obispos, el Papa, los religiosos y religiosas, y alguna otra persona que estaba muy metida en la Iglesia y estaba apartada de las cosas del mundo. Esto es totalmente falso, no tiene que ver nada con lo que Jesús dice en el evangelio que nos llama a todos a la plenitud del amor. Estamos llamados a escuchar la Palabra, a dejarnos transformar por ella, a alimentarnos del Cuerpo y la Sangre del Señor y a manifestar nuestro amor, comprometiendo toda nuestra vida en construir el mundo que el Señor quiere. BAUTIZARSE ES COMPROMETERSE A SER SANTO/A.

PARA DIALOGAR Y ATERRIZAR EN NUESTRO COMPROMISO

  1. ¿Me doy cuenta de que, por el Bautismo, soy sacerdote, profeta y rey?
  2. ¿Tengo claro cómo he de ejercer mi sacerdocio, mi ser profeta y mi realeza?
  3. ¿Qué problemas tenga para vivir estas tres cosas de mi Bautismo?
  4. ¿Veo claro que estoy llamada a la santidad, a la perfección de amor?
  5. ¿Qué estoy haciendo para ser santa de verdad?
  6. ¿Cómo me puede ayudar la Cuaresma que vamos a empezar a ser santo?

Editado por: Revdo. D. José Lozano Sánchez

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