Adoración Eucarística-Hora Santa

Exposición del Santísimo en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, Elche. Todos los jueves a las 19:00 horas y rezo del Santísimo Rosario.

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La exposición

La exposición y bendición con el Santísimo Sacramento es un acto de Fe en el que debe estar presente la celebración de la Palabra de Dios y el silencio contemplativo. La exposición eucarística ayuda a reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo o invita a la unión más íntima con él, que adquiere su culmen en la comunión Sacramental.

La Custodia se colocará sobre el altar cubierto con mantel; mas si la exposición se prolonga durante algún tiempo, y se hace con la custodia, se puede usar el manifestador, colocado en un lugar más alto, pero teniendo cuidado de que no quede muy elevado ni distante. Si se hizo la exposición con la custodia, el ministro inciensa al Santísimo; luego se retira, si la adoración va a prolongarse algún tiempo.

Si la exposición es solemne y prolongada, se consagrará la hostia para la exposición, en la Misa que antes se celebre, y se colocará sobre él altar, en la custodia, después de la comunión. La Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiendo los ritos de la conclusión. Antes de retirarse del altar, el sacerdote, si se cree oportuno, colocará la custodia y hará la incensación.

La adoración

Durante el tiempo de la exposición, se dirán oraciones, cantos y lecturas, de tal suerte que los fieles, recogidos en oración, se dediquen exclusivamente a Cristo Señor.

Para alimentar una profunda oración, se deben aprovechar las lecturas de la sagrada Escritura, con la homilía, o breves exhortaciones, que promuevan un mayor aprecio del misterio eucarístico. Es también conveniente que los fieles respondan a la palabra de Dios, cantando. Se necesita que se guarde piadoso silencio en momentos oportunos.

Ante el Santísimo Sacramento expuesto por largo tiempo, se puede celebrar también alguna parte, especialmente las horas más importantes de la Liturgia de las Horas; por medio de esta recitación se prolonga a las distintas horas del día la alabanza y la acción de gracias que se tributan a Dios en la celebración de la Misa, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por Cristo al Padre, en nombre de todo el mundo.

Bendito y Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, Sea por Siempre Bendito y Alabado Altísimo Jesús Sacramentado. 

O salutáris Hóstia
Quae caeli pandis óstium.
Bella premunt hostília;
Da robur fer auxiílium.
Uni trinóque Dómino
Sil sempitérna glória:
Qui vitam sine término,
Nobis donet in pátria.
Amen.
Oh saludable Hostia
Que abres la puerta del cielo:
en los ataques del enemigo danos fuerza,
concédenos tu auxilio.
Al Señor Uno y Trino 
se atribuye eterna gloria:
y El, vida sin término 
nos otorgue en la Patria. 
Amén.

La bendición

Al final de la adoración, el Sacerdote cerca al altar, hace la genuflexión.

Pange, lingua, gloriósi
córporis mystérium,
sanguinisque pretiósi, 
quem in mundi prétium
fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium.Nobis datus, ,nobis natus
ex intácta Vírgine, 
et in mundo conversátus,
sparso verbi sémine,
sui moras incolátus
miro clausit órdine.
In suprémae nocte cenae
recúmbens cum frátribus,
observáta lege plene 
cibis in legálibus, 
cibum turbae duodénae 
se dat suis mánibus.
Verbum caro pánem verum
verbo carnem éfficit
fitque sanguis Christi merum,
et, si sensus déficit,
ad firmándum cor sinçérum 
sola fides súfficit.Tantum ergo sacraméntum 
venerémur cernui, 
et antíquum documéntum 
novo cedat rítui; 
praestet fides supleméntum 
sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque
laus et iubilátio,
salus, honor, virtus quoque 
sit et benedictio; 
procedénti ab utróque 
comparsit laudátio. Amen.
Canta, lengua, el misterio 
del cuerpo glorioso 
y de la sangre preciosa 
que el Rey de las naciones, 
fruto de un vientre generoso, 
derramó como rescate del mundo.Nos fue dada, nos nació 
de una Virgen sin mancilla; 
y después de pasar su vida en el mundo,
una vez esparcida la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
dando una admirable disposición.
En la noche de la última cena,
recostado a la mesa con los hermanos, 
después de observar 
plenamente la ley 
sobre la comida legal, 
se da con sus propias manos 
como alimento para los Doce. 
El Verbo hecho carne 
convierte con su palabra 
el pan verdadero con su carne,
y el vino puro se convierte
en la sangre de Cristo. 
Y aunque fallen los sentidos, 
baste sólo la fe 
para confirmar al corazón 
recto en esa verdad. 
Veneremos, pues, inclinados 
tan gran Sacramento; 
y la antigua figura 
ceda el puesto al nuevo rito; 
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo 
sean dadas alabanza y júbilo,
salud, honor, poder
y bendición;
una gloria igual sea dada 
al que de uno y de otro
procede. Amen.

Mientras tanto, arrodillado, el Sacerdote inciensa el Santísimo Sacramento, si la exposición se hizo con la custodia.

V. Les diste pan del cielo. (T.P. Aleluya).
R. Que contiene en sí todo deleite. (T.P. Aleluya).

Luego se pone en pie y dice:

Oremos.
Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amen.

Bendición Eucarística

Una vez que ha dicho la oración, el sacerdote o el diácono toma el paño de hombros, hace genuflexión, toma la custodia o el’ copón, y sin decir nada, traza con el Sacramento la señal de la cruz sobre el pueblo. (A continuación se pueden decir las alabanzas de desagravio)

Alabanzas de desagravio

Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

Misa después de la Adoración-Hora Santa 

Acabada la Adoración al Santísimo Sacramento, que puede ir acompañado del Santísimo Rosario, en la segunda media hora, a continuación el Sacerdote posiblemente realice la Eucaristía. Si se tiene tiempo es un Acto de Fe Divino quedarse a la Eucaristía, ya que una vez el Sacerdote Dé, la Eucaristía en la Santa Misa, con la Hostia recibida y en Nuestra boca recitaremos Interiormente:

Bendito y Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, sea por Siempre Bendito y Alabado Altísimo Jesús Sacramentado en el Sagrario de Mi Cuerpo. Gracias Jesucristo.

 Frutos de la Adoración Perpetua

Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento

La adoración aporta ante todo llegar a la intimidad con el Señor y ahondar tal intimidad. Para ningún adorador Jesús es un extraño. La adoración permite vivir más intensamente, con mayor participación, las celebraciones eucarísticas.

Quien adora encuentra paz, una paz desconocida para el mundo. Son muchísimos los testimonios en ese sentido. Personas que nunca pisaron una iglesia y que de pronto por alguna circunstancia o porque el Señor las atrajo entraron a la capilla de adoración y encontraron la paz para ellos desconocida, la que sólo puede dar el Señor.

La capilla de adoración perpetua ofrece a todos una estación para detenerse en el camino frenético de la vida. Les ofrece un espacio para reflexionar y dejarse interpelar por la presencia del Dios que nos ha creado y que nos salva.

La capilla siempre disponible es espacio de encuentro y de reposo en el camino, porque allí está Aquél que nos ofrece la paz verdadera, no como la que nos ofrece el mundo.

Resulta asombroso ver cuántas personas anónimas pasan y se detienen en la silenciosa capilla en la que el Santísimo está siempre expuesto y transcurren un tiempo considerable, inmersas en su mundo interior. Muchas veces se trata de personas que vienen de lugares muy distantes, aún de no católicos, o invitadas por amigos. Muchas entran “porque sí, por azar” y se ven atraídas por el poder invisible e irresistible del Señor.

Otro beneficio que se da donde la adoración perpetua es establecida es el  servicio de orientación espiritual y de confesiones.

La adoración eucarística en general, y la perpetua en particular, favorecen la participación del sacrificio eucarístico en la Misa en la medida en que la adoración significa permanencia con Aquel a quien se ha encontrado en la comunión sacramental.

Mediante la adoración perpetua se descubre y promueve la unidad en torno a Jesucristo Eucaristía al volverse los adoradores conscientes de formar parte de una fraternidad eucarística, de cada uno ser un eslabón de la cadena ininterrumpida de adoración.

Los frutos son incontables: de conversión, de salvación, de sanación de viejas heridas, de perdón, de reconciliación, nacimiento de vocaciones a la vida religiosa o al matrimonio.

Ya San Juan Pablo II en su encíclica Ecclesia de Eucharistia decía: “El culto a la Eucaristía fuera de la Misa es de inestimable valor en la vida de la Iglesia…Es bello quedarse con Él e inclinados sobre su pecho, como el discípulo predilecto, ser tocados por el amor infinito de su corazón… Hay una necesidad renovada de permanecer largo tiempo, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento”. Y agregaba: “¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y de ella he sacado fuerzas, consuelo, sostén!” (EE n.25).

Hoy, más que nunca, debemos recuperar todo el respeto y el amor hacia la Eucaristía y para ello empezar con tomar conciencia del infinito bien que se nos ha dado. El Magisterio de la Iglesia insiste en –como decía el Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre el año eucarístico 2004- recuperar el “estupor eucarístico”. La rutina de las celebraciones hace que se pierda ese estupor, ese asombro por el mayor don que Dios nos ha hecho luego de su Encarnación y consecuencia con ella y con su sacrificio redentor.

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